lunes, 2 de julio de 2012

Una subida inédita al Ocejón desde Valverde de los Arroyos (10 de junio de 2012)

Esta vez el Señor Cuesta, al que a partir de ahora podría llamarse también Señor Zarzalejos, nos propone una ascensión novedosa al Ocejón partiendo de Valverde de los Arroyos, ese pueblo del macizo de Ayllón tan retirado, al que se tarda casi dos horas y media en llegar desde Madrid.



En Valverde nos encontramos con que los vecinos se han congregado en la plaza de la iglesia para ensayar un paloteado y otros bailes tradicionales. El motivo es que el fin de semana que viene se celebran aquí las pintorescas Danzas de la Octava del Corpus.




Desde el pueblo tomamos una bajada hasta salir a la carretera que viene de Palancares, a la altura de un área recreativa. Andamos un poco por el asfalto hasta encontrar un camino que sale a la izquierda y que en horizontal nos lleva a las tinadas de Brezas del Raso.





Las Brezas del Raso son un conjunto de tinadas bastante grande. Para los no muy duchos en el tema hay que aclararles que aquí, en la sierra de Ayllón, se conocía como tinadas o taínas a los cobertizos o construcciones de planta rectangular y techumbre de pizarra a dos aguas, alejadas de los pueblos, en las que los pastores recogían el ganado por la noche. Pero que nadie se haga ilusiones. Estas tinadas, como la mayoría de las que se encuentran dispersas por la sierra, se hallan en avanzado estado de ruina.



Desde aquí comenzamos la ascensión propiamente dicha, siguiendo al principio un camino en desuso, invadido por los matorrales.


Cortamos de nuevo la carretera a Palancares y Tamajón. Al otro lado de la carretera se inicia una pista de tierra que vamos a seguir apenas unos minutos. Justo cuando la pista tuerce a la derecha, la abandonamos y comenzamos a subir por el pinar que se extiende a mano izquierda.


Alcanzamos el cordal. A nuestra izquierda, Cabeza Helechosa (1.430 m.), prácticamente a la misma altura a la que nos encontramos; frente a nosotros, el Ocejón, algo cubierto de nubes en su cumbre, al que nos dirigimos siguiendo una cuerda que traza varios zigzags.

Descendemos un poquito por la vertiente opuesta hasta dar con un sendero semiabandonado, en muchos tramos invadido no solo por los brezos, entre los que hay que abrirse paso con ayuda de los brazos, sino por las aún más molestas zarzas. Este tipo de experiencias no nos son ni mucho menos inéditas y no por ello dejamos de maldecir a aquel que ha propuesto la ruta. No hay fotos de este tramo. Debe ser que estábamos más preocupados en luchar contra los elementos que en sacar la cámara.

Tras una media hora de luchar a brazo partido, salimos a una zona más despejada y respiramos con alivio. Estamos en un collado a 1.473 m., que en el mapa denominan Majada de los Cardos. Por aquí pasa un sendero recientemente balizado, el GR-60, que une los pueblos de Valverde y Almiruete. Dada la hora que es, decidimos sentarnos a comer.


Tras la comida, se plantea la duda de qué hacer. Es tarde ya, pero eso es lo de menos, pues en esta época del año los días se estiran como un chicle. Lo más inquietante son las nubes oscuras que parecen presagiar la tormenta. A pesar de ello, decidimos continuar con el plan previsto y será todo un acierto. De aquí en adelante el cielo irá despejándose.




La subida desde este punto es probablemente una de las ascensiones más complicadas al Ocejón, pues supone superar un fuerte desnivel de más de 500 metros, rodear la llamada Peña Mala, con mucha laja de pizarra suelta, y tener que hacer alguna pequeña y fácil trepada .




Se alcanza la cima sur de la montaña, se tuerce a la derecha y se llega enseguida al vértice geodésico que señala la cumbre del Ocejón (2.048 m.). Deben ser las seis y cuarto de la tarde y a estas horas ya deben estar jugando España e Italia su primer partido de la Eurocopa. Pero eso nos importa un pito.



El día está fresco y hay que abrigarse. El termómetro apenas supera los 15 grados y la brisa que sopla hace que la sensación térmica sea aún más baja. Adolfo se muestra eufórico al haber coronado el coloso de Guadalajara.



Desde la cumbre ya solo nos queda descender a Valverde por el barranco de la Pineda, alfombrado por extensos gayubares.



La gayuba cumple una función edafoprotectora, impidiendo que el suelo, formado en su mayoría por pizarras y cuarcitas desprendidas de la cumbre, resulte erosionado por la acción de la lluvia y la nieve.







Llegamos a Valverde sobre las ocho y media de la tarde, lo que no es obstáculo para tomarnos la última, y a casa pasada la medianoche.

Enlaces:
Un análisis paisajístico de la ruta

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